Si vas caminando por los pasillos de un supermercado es fácil identificar diferentes alimentos con la etiqueta “sin azúcar”, desde golosinas hasta yogur, bebidas y diferentes productos que prometen el mismo sabor a dulce, pero sin azúcar. Cuando se está buscando controlar el peso, la diabetes o la salud en general, este tipo de productos parecen ser la solución ideal.

Los productos con esta etiqueta pueden tener un papel útil en ciertos contextos. Por ejemplo, en personas que necesitan controlar los picos de glucosa, personas que están reduciendo el consumo de azúcar añadida como parte del inicio de un tratamiento nutricional, como la opción que no aporta calorías provenientes del azúcar si se está fuera de casa, como alternativa más aceptable frente a bebidas o postres tradicionales. En estos casos, los edulcorantes pueden ser de beneficio en la transición que permite disminuir la carga de azúcar y calorías provenientes de la misma, sin eliminar por completo el sabor dulce de la alimentación.

Desde la práctica en nutrición, es importante analizar con más detalle estos productos y el valor que aporta. Primero es importante aclara que “sin azúcar” no siempre es igual a “más saludable”. Aunque una etiqueta con este texto es atractiva, no siempre su contenido es de mayor aporte nutricional. Es por ello, que este tipo de productos no siempre promueven un cambio real en los hábitos alimentarios. Es importante considerar que el paladar seguirá acostumbrado a niveles elevados de dulzura, lo que dificulta redescubrir el sabor original de los alimentos sin agregarle azúcar y este sería el objetivo importante a seguir en la alimentación, volver a disfrutar de frutas, de preparaciones simples sin depender de sentir un sabor intenso al agregarle azúcar, recuperando la sensibilidad hacia los sabores naturales de cada alimento.

Pero ¿qué si vale la pena? Que un producto sin azúcar mejore la calidad de la alimentación de una persona o mejore la transición hacia una alimentación más equilibrada con menos calorías vacías, por ejemplo, un yogur sin azúcar que aportará proteína, probióticos y calcio.

Una barrita o galleta que sea fuente significativa de fibra, grasas saludables, proteína en la mejor de las opciones, son beneficios que pueden marcar una diferencia positiva en la alimentación de una persona.

¿Qué no vale la pena? Que un producto reemplace el azúcar por una larga lista de ingredientes, entre ellos diferentes edulcorantes, aditivos, grasas trans, harinas refinadas. Es un producto que es ultraprocesado y lo atractivo solo es la etiqueta “sin azúcar” sin aportar un beneficio nutricional real.

¿Cuál es la verdadera revolución? Ayudar a las personas a redescubrir los sabores originales de los alimentos sin potenciadores como el azúcar, disminuyendo los productos ultraprocesados en la alimentación diaria. El consumidor informado debe preguntarse ¿este producto realmente contribuye a mi salud?

Artículo por: Gabriela Estrada / Nutricionista