“Aunque la diabetes forma parte de mi vida, no me define”
Tengo 63 años y en el año 2023 mi vida cambió cuando fui diagnosticada con diabetes tipo 1. Recibir este diagnóstico no fue fácil para mí. Siempre he sido una mujer activa, llena de energía, siempre en movimiento.
Como muchas mujeres, dediqué gran parte de mi vida al trabajo, a mi familia, a ser esposa y madre, y en ese camino descuidé un poco mi salud.
“Cuando la diabetes llegó, sentí miedo e incertidumbre, pero también tuve muy claro algo desde el inicio: no permitiría que esta enfermedad detuviera mi vida”.
Decidí tomar el control y hacer los cambios necesarios para seguir viviendo plenamente.
Desde entonces, asisto puntualmente, mes a mes, a mis controles médicos con mi doctora de cabecera, quien ha llevado un seguimiento estricto de mi salud. Me realizo todos los exámenes de rutina necesarios para asegurarme de mantenerme estable y saludable, porque entendí que la prevención y el control son clave.
Uno de los cambios más grandes: La alimentación
Amo la comida y soy una excelente cocinera, disfruto de muchos platillos, pero aprendí a limitar algunos gustos “culposos”. Con el apoyo de mi nutricionista adopté una dieta adaptada a mi estilo de vida: baja en carbohidratos (entre 20 y 50 gramos al día), alta en grasas y moderada en proteínas, un plan que induce a la cetosis y me ha ayudado a mejorar el control de mi glucosa y a reducir episodios de hipoglucemia.
El cuidado diario se volvió parte de mi rutina.
Llevo un control estricto de mis medicamentos, mido mi glucosa antes y después de las comidas con mi glucómetro, utilizo vitaminas y cremas corporales especialmente diseñadas para personas con diabetes, todo enfocado en mantener mi calidad de vida y sentirme bien conmigo misma”.
“Hoy puedo decir que, aunque la diabetes forma parte de mi vida, no me define”.
Sigo siendo una mujer emprendedora, una madre y esposa comprometida, una persona feliz y consciente de su salud.
Aprendí a escuchar mi cuerpo, a cuidarme sin dejar de disfrutar la vida.
“Mi historia es un recordatorio de que sí se puede vivir bien con diabetes, con disciplina, acompañamiento médico y sobre todo, con amor propio”.
“La enfermedad no me detuvo; me enseñó a vivir mejor”.