El crecimiento y desarrollo se ven afectados cuando la enfermedad no está bien controlada. Antes del diagnóstico muchos niños presentan perdida de peso, retraso en el crecimiento e incluso pueden tener una pubertad retrasada.
Después del diagnóstico, si hay un buen control de glucosa con un aporte adecuado de insulina, y se mantienen los niveles de hemoglobina glicosilada dentro de los objetivos pautados, los niños pueden alcanzar un crecimiento y desarrollo normal.
Si el control es malo puede ocurrir (glucemias altas frecuentes):
- Retraso en el crecimiento: Baja talla para su edad.
- Retraso puberal: Inicio tardío de los cambios físicos y en las niñas retraso de la menstruación.
- Mayor riesgo de complicaciones crónicas: Afección en órganos como los ojos, riñones, nervios y enfermedades cardiovasculares.
Factores que influyen:
- Nivel de hemoglobina glicosilada
- Dosis y esquema de insulina
- Estado nutricional
- Presencia de otras enfermedades autoinmunes asociadas (enfermedad celiaca o problemas tiroideos).
- Durante la adolescencia, el cuerpo necesita más insulina debido a otras hormonas que se liberan en esta etapa como la hormona del crecimiento.
Dra. Gloria Susana Soto Chávez / Endocrinóloga Pediatra